Yo también soy autónomo, así que eso me incluye en algo así como la base pobre para el apoyo a medidas que parecen dignas de un Rato hasta arriba de cristal. Nuevos santos: los autónomos. Nuevos mártires: los parados. ¿Nuevos diablos?
Yo pago las horas trabajadas por mis trabajadores; hasta pago horas no trabajadas por falta de clientela o las cambio de un modo generoso para el empleado. Yo no he bajado las proporciones de los sueldos: si mis empleados y yo ahora ganamos menos es porque hay menos curro, porque no somos sector estratégico de economías falsas y porque no sabemos reponer aceras. Yo no he recibido las subvenciones por mí solicitadas, que han sido destinadas a 1. mujeres 2. menores de treinta años y 3. del Noroeste de mi región, y, aunque pica, los tres me parecen criterios razonables.
De lo que me quejo es de lo mal que lo han hecho los gobernantes (los anteriores por meternos en esta y los actuales por pasearnos por ella) cediendo a la ambición y al chantaje de unos tiburones con camisas ridículas, y haciendo que lo pague el sector más fácilmente convertible en chivo expiatorio, el clásico blanco de las envidias de este rencoroso país. Que uno elija no quejarse de una injusticia (como hacen los padres funcionarios de un buen amigo) por prudencia o por comparación con otra peor no la convierte en justa, igual que el que existan los asesinatos no convierte en nimias las violaciones. La lógica de este país de envidiosos y demagogos no es verdadera lógica: “no te quejes que yo estoy peor” (incluso viniendo de gente que no está peor) es algo que llevo días oyendo o leyendo, dirigido a quien ha visto cómo un compromiso contractual ha sido ignorado.
Que un funcionario tenga el sueldo garantizado no es un privilegio ni quita derechos a los parados. Es bueno desvincular el desempeño de un trabajo como servidor público de la productividad, que no de la eficiencia, que no son cosas iguales. ¿Puede explicarme algún experto economista cómo calcular la productividad de un bombero? Sin embargo, la eficiencia en las tareas, esa sí es otra cosa. Por ahí deberían ir los tiros de las exigencias que el resto de la sociedad le hace al funcionariado. Funcionarios a 37 h: trabajad al menos 37 h. Funcionarios de ventanilla que dejáis a alguien a media gestión (lo he visto) para desayunar: no lo hagáis más. Trío de funcionarios conserjes que leéis simultáneamente tres periódicos iguales con el mismo sello: ayudad al profesor universitario con su carga de proyectores y documentos cuando sube a clase. Funcionarios de campo con pocos medios y que usáis el teléfono y el ordenador personal para el trabajo, y funcionarios con cierta responsabilidad que vais por la tarde a despejar trabajo porque por la mañana las visitas de público y las reuniones estúpidas os lo impiden: olvidaos, nadie os lo agradece en la patria natal de Caín.
Los parados. Moneda con cara anónima. Bien, que un parado tenga estudios no me da más pena; tampoco, en 2010, que alguien menor de 40 esté parado y sin estudios. Por cierto, los parados de esta época han disfrutado de subsidio durante mucho más tiempo que los de otras anteriores, que por lo visto estaban menos parados; eso ha ayudado a acabar de vaciar las arcas. Eso y ciertas desgravaciones que disfrutó todo quisqui. O a fotógrafos oficiales de Fraga con chófer a tiempo completo (¿qué cargo es ese, fotógrafo oficial?).
Está muy bien que se baje (robe) parte del sueldo de los funcionarios y pensionistas, personal laboral de las administraciones y hasta del quiosquero de la esquina; pero no ANTES de suprimir gastos extraordinariamente superfluos como, por ejemplo, la publicidad institucional y los viajes de bajos altos cargos autonómicos y locales a China o a la Patagonia, las esculturas de 200.000 € encargadas a paniaguados para las redondas, los festivales “artísticos” o musicales, los fuegos artificiales (tan metafóricos), las cabras que hacen puenting y los toros lanceados, las expresiones culturales profundas como los bandos de la huerta, fallas, sanfermines y san isidros y san jordis y las vírgenes del traqueteo, etc, etc, que tanto nos entusiasmaban hace unos días. Aunque el montante de las diversas partidas sea diverso, el ciudadano de a pie habría agradecido el detalle.
Nota: el “ciudadano de a pie” puede ser un funcionario.
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