Y para las señoras. Disculpe, Sra. Aguirre.
“laico, ca.
(Del lat. laĭcus).
1. adj. Que no tiene órdenes clericales. U. t. c. s.
2. adj. Independiente de cualquier organización o confesión religiosa. Estado laico. Enseñanza laica.
Real Academia Española © Todos los derechos reservados”
¿Sabe alguien por qué los Atacados insisten en defender la idiotez de diferenciar laicidad de laicismo?
Es que no me entero.
“laicismo. (De laico).
1. m. Doctrina que defiende la independencia del hombre o de la sociedad, y más particularmente del Estado, respecto de cualquier organización o confesión religiosa.
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“La palabra ‘laicidad’ no está registrada en el Diccionario. Las que se muestran a continuación tienen una escritura cercana.
* laxidad
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Es que yo soy un clásico. En lugar de inventar, imaginar, suponer o deducir el significado de las palabras según mis gustos, preparación o conveniencia, cuando tengo dudas me voy al lugar donde curran los sabios y los expertos y lo miro. Y resulta que no existe la palabra ‘laicidad’ fuera de las mentes que frecuentan ‘catholic.net’ y cibertugurios semejantes.
En otra entrada he indicado que otros lo hacen mejor que yo, y que prefiero dejarles la parte seria del debate. Excepto moscardonear a San Juan Manuel de Prada y las coñas de los comandos laicistas (‘maere, maere Fuensantica, Virgen del Agua: ¿ande vas, con tantiquio oriquio bordaico, ora subiendo pal monte, ora bajando pa la catedral, que te van a sacar loca? Tese vacaer la cabecica del andamiaje, maere’, es un ejemplo de socarrona prosa poética laicista), no me dedico mucho. Pero he aquí que anoche visité a fondo mi enlace sobre la apostasía. Y mi cabreo es importante.
Como que ponen pegas los señores de los arzobispados. Exigen presentarse en sus dependencias a apostatar, cuando la Ley que nos ampara a TODOS, esto es, la Constitución, dice expresamente que nadie podrá ser obligado a declarar sobre sus creencias religiosas.
El Derecho Canónico de ningún modo está sobre la Constitución, aunque les pese a los rouquines. Es más, si se indaga lo que este Derecho tan especial recoge sobre el asunto, resulta que ni hace falta, que en realidad el procedimiento habitual del derecho a rectificación y anulación de la Ley de Protección de Datos es suficiente.
La cosa hoy por hoy es que los gestapobispados insisten en la inviolabilidad de sus archivos, y que se niegan a eliminar a los apóstatas de los Libros de Bautismo y demás. En todo caso, tras alegar y demorar el proceso, llegarán a incluir una nota al lado, indicando la voluntad de tal persona de exigir que no se le considere perteneciente a la confesión católica. Hoy por hoy, la Iglesia se sigue negando a borrar a los apóstatas de sus registros. Una vez más, esta institución ignora voluntariamente la ley que nos ampara a todos.
El cabreo no disminuye si uno examina mis respetuosamente enlazados ‘¿Dignidad Humana?’ (los signos de interrogación son míos) y ‘catholic.net’.
Resulta que somos monstruos los que pensamos que el símbolo (logo para MiesVan) de una de las grandes religiones históricas (y esta tiene muuuuuucha historia a cuestas) no debe presidir un lugar tan público como un aula de colegio de titularidad pública.
Nada que decir sobre colegios privados y hasta concertados (hay quien considera equiparables estos últimos a los públicos, porque dependen de dinero público, yo no llego a tanto aunque debería). Como si quieren poner colegios con retratos del cabrón de Bin Laden, allá cada cual con su dinero.
Es más, no me parece mal que en la relativa intimidad del despacho de un funcionario o servidor público haya crucecitas, vírgenes, santos y mártires diversos; se sobreentiende que esos símbolos pertenecen a las creencias de sus ocupantes, que son libres (sí, señores prelados, libres). Por supuesto, también pueden jurar sobre la Biblia al ser investidos. Es libertad individual. ¿Cómo no íbamos los ateos a estar de acuerdo con la expresión libre de una creencia u opinión?
Pero no así en las recepciones de hospitales y aulas de colegios de titularidad pública, etc. Pasemos por alto la presencia ominosa de la Iglesia en lugares y entes oficiales por tradición, pero de forma no impositiva, (y el que me conozca sabrá ya que creo que el argumento de que algo está bien porque es ‘tradición’ no me puede parecer más idiota, no insisto).
Así que tragamos con dedicar dinero, espacio y tiempo al arzobispado castrense, a capillas en hospitales y hasta a misas en el ente público RTVE. Tragamos con un poco más de dificultad el caos urbano de los incesantes paseos de ídolos o una Semana Santa que los integristas desearían que viviéramos muertos de horror y pena; esto último es cultura (¿o era incultura? No, cultura). Hasta nos gustan las campanas.
A esos lugares o acontecimientos no estamos obligados a ir. Pero sí a las aulas de un colegio de titularidad pública o a las dependencias de atención al público de una administración. Esos lugares son absolutamente públicos en el sentido de que son dependencias de un Estado, y el Estado español es laico. Vuelvan los integristas a la definición de la RAE. Un Estado laico no es enemigo de la religión, sólo es independiente de ella; de hecho, su principal diferencia respecto de un estado confesional, como de facto pretenden los señores activistas católicos, es que respeta la libertad de credo, no permitiendo la imposición de uno en particular. Por lo visto, va a ser que los ateos que insistimos en el carácter laico del estado somos más respetuosos con un culto dado que los del cilicio.
Las aulas de los colegios de titularidad pública no son lugares donde deban exponerse en lugar preferente los símbolos de una religión. Y deben ser retirados precisamente por respeto a la religión de cada uno. O a su libertad de no creer.
Esto no es lo mismo que pretender eliminar los símbolos y tradiciones heredados del cristianismo de la vida pública (por molestos que sean a veces); eso sería un disparate, además de una imposición análoga a la que los católicos han practicado durante tantos años. Pero los lugares públicos comunes no son lo mismo que los lugares oficiales. Los señores del PP y de la Conferencia Episcopal todavía no han entendido una diferencia tan básica. O no quieren, porque les gusta jugar a las cortinas de humo que con tanto gusto achacan al partido en el poder.
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