Nuestro estimado en lo que vale D. Juan Manuel de Prada concedió recientemente una entrevista a D. Alfredo Urdaci, con el que me une un gran parecido físico y una absoluta coincidencia en una idea: si nos conociéramos en persona nos repugnaríamos de inmediato.
Este es el enlace a la entrevista en Gaceta.es.
Si el sr. de Prada construyera casas, lo haría sin duda reutilizando ladrillos de adobe, cerámica de la fábrica de Santa Lucía (Cartagena), colañas de cortijadas albaceteñas y, sin duda, mortero romano. Todo bien revuelto. Obtendría hitos de la arquitectura dignos del ¡Concurso de Casa Más Feas del Mundo!, del mismo modo que sus creaciones literarias podrían constituirse en monumentos a la erudición. Tiempo al tiempo.
La derecha española, tan escasa en logros artísticos e intelectuales (sin duda culpa del Grupo Prisa, que desde hace siglos domina la escena periodística y, por extensión, la cultural. Cabrones), ya tiene su titán.
Merece la pena la entrevista. Es bueno conocer a la gente que nos interesa, para bien o para mal. Nos interesa el sr. de Prada por su extraordinaria habilidad para convertir el anacronismo, la pedantería y la intolerancia en virtudes. Para conseguir que la gente que se dedica a perseguir a otros pase por víctima. Para inventarse su nicho ecológico: escritor ultracatólico que se enfrenta a los leones del laicismo. Para mi es un síntoma de una inteligencia fuera de lo común.
El reconocido escritor cree que “el mundo cultural español está monopolizado por la izquierda hasta niveles atroces. Ningún escritor contraría el pensamiento establecido.” Estoy de acuerdo. Parece que la gente de la cultura y la mayoría de intelectuales son o se vuelven de izquierdas. Es terrible y además inexplicable, dada la inmaculada (perdón, prístina) trayectoria de la derecha española.
Afirma que “La gente tiene el cerebro corrompido por las ideologías”. Por Dios, es totalmente cierto. De nuevo tiene razón. Por suerte, él parece libre de doctrinas y se muestra dispuesto a combatirlas.
Y continúa: “me di cuenta de que cualquier enano mental, cualquier escritorzuelo mediocre utilizaba el vituperio contra la Iglesia para colocarse medallas. Esto ocurre en todos los rangos. Y despertó en mí una enorme curiosidad. Una Institución tan vituperada tenía que tener algo bueno.” Es un destacable razonamiento, a la altura de los de sus correligionarios. Desde luego, las instituciones vituperadas tienen que tener algo bueno. Es muy lógico. Yo ahora soy muy de la Stasi. Tiene un no sé qué.
El escritor que odia los microscopios pasó por Valencia para unirse a la conmemoración del LX Aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. A propósito de su excursión, encontramos en XLSemanal dos columnas: \"Derechos Humanos (I)\" y \"Derechos Humanos (y II)\"
Por favor, leedlas y difundidlas. No es difícil estar de acuerdo en la mayoría de lo expuesto.
El bueno de Aristóteles, a pesar de sus magníficas ideas sobre lo que en realidad son las mujeres, es la piedra angular de la cultura occidental. Nota: no parece que el buen filósofo hubiera odiado la ciencia y otras fuentes de conocimiento actuales tanto como el señor de los trajes arrugados.
Yo en realidad me quedo, sin ninguna ironía, con “En una sociedad multiétnica y plurirreligiosa, la única base para los valores comunes reside en los derechos humanos; si estos derechos no se definen de manera clara, caeremos en un estado de anarquía ética.”
De hecho, de estas palabras del sr. de Prada, soy bastante más partidario que él mismo, a juzgar por su trayectoria antilaicista y antitodoloquenoseaiglesiacatólica. Continúo leyendo al que se incomoda ante una bata blanca y encuentro más puntos en los que coincido.
También me opongo a ese subjetivismo (de época, de orientación política o sexual, el que sea) al que se aferran muchos para insistir en que no hay verdades universales, sino “tu verdad” y “mi verdad” (recuerdo una conversación cul de sac con Marian a principios de los noventa). El todo vale. El de respeto tu opinión pero no la comparto, como si todas las opiniones fueran respetables. D. Javier Marías lo explica mejor que yo, buscadlo: lo respetable es el derecho a expresar opiniones, no su contenido en sí. El skinhead de mierda tiene derecho a que nadie le tape la boca y pedir la muerte del inmigrante e inmediatamente los demás tenemos el derecho a tomar nota de lo que dice y procesarlo.
Pero no tenemos derecho a pedir que no se exprese una opinión, por irreverente (sin ir más lejos) que sea. Esto es muy típico de los católicos ultrajados: exigen altivamente que nadie ose expresarse de forma poco respetuosa sobre sus Fantasías Animadas de Ayer y Hoy. Y siempre encontrarán la misma respuesta: “usted cuide de que su Virgen María no pierda la cabeza en un bache en Algezares y queden los palos del andamio a la vista, que yo cuidaré personalmente mis opiniones. Lleve usted pañuelos para las señoras que lloran y se desmayan al paso de un ídolo cubierto de plástico porque llueve y ya me encargaré yo de asimilar que cuando me muera, desapareceré y el mundo seguirá su curso sin mi. Déjeme en paz, hombre, y preocúpese de reconocer a su Mesías cuando vuelva y se lo cruce por la calle hablando un dialecto de Oriente”.
Ah, el adolescente que suelta la consola y descubre la letra escrita, que se atraganta con el pañuelo palestino, el que escupe a toda pastilla consignas por el megáfono, con un batiburrrillo desorganizado en su recién nacida mente pensante. Conozco alguno, creedme.
El tertuliano paniaguado del PSOE, que insiste en los lugares comunes de siempre, sin entender de una vez que él y los vuelcacontenedores hacen tanto daño a la verdadera izquierda (la razonada e inevitable, no la inculcada) como el sr Rouco y la sra. Botella a la derecha. El daño al que me refiero no se traduce en pérdida de votos, desde luego; el electorado adora el proselitismo, no el razonamiento. El daño se puede traducir, por ejemplo, en desperdicio de talento como el de la sra. Díez o los sres. Pimentel y Gallardón.
Así que no te calientes tanto, Iván Denisovich, con los flageladores Rouco Aubrey y Prada Maturin, ¿no ves que hay acuerdo?
Jamás he defendido el Relativismo (lo siento, MiesVan). Creo que la razón y el estudio detallado de la historia permiten sacar buenas conclusiones: válidas para toda la especie humana, estables, eternas. Por supuesto que creo que existe una ley natural que pueda permitir y garantizar las cosas más importantes a todos los seres humanos.
Esta ley puede coincidir en determinados puntos con algún que otro catecismo y eso no es problema. La mayoría dicen “No matarás”, excepto alguno como el que la Iglesia Católica española aprobó a finales de los años cuarenta, que añadía matices para flexibilizar el dichoso mandamiento. Al contrario, la coincidencia demuestra que los inventores de catecismos en ocasiones se ven obligados, para captar adeptos, a ser lógicos. No todo el mundo es idiota todo el tiempo, ni siquiera los pastores neolíticos y sus descendientes.
El mismo sr. de Prada expresa bien lo que todos sabemos: ya no hay una racionalidad ética. Pero me escama lo poco que coinciden estas ideas con otras sobre miles de jóvenes aullando (es una imagen tannnnn gay, seguro que Rouco la adora) y dejando caer lluvias de flechas sobre los sarracenos. En fin, todos tenemos nuestra propia heterodoxia.
Un cordial saludo a mi adversario (más que enemigo) D. Juan Manuel de Prada. Y mis disculpas anticipadas porque, si bien él como adversario y excusa para el razonamiento me hace crecer, dudo mucho que suceda lo mismo en la dirección contraria. Besos de un enano mental.
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