Muchas gracias a Don Lalo por discrepar y comentar en este blog. Defiende su postura desde postulados propios del cristianismo: la asunción de que la Biblia es la Palabra de Dios, un dios único revelado a un grupo de seres humanos concreto y no al resto, y que este ente divino nos otorga a los humanos el derecho y el deber de administrar la Creación.
Coincido en algo con Don Lalo: si un “verdadero cristiano jamás aceptará el maltrato animal”, tampoco lo hace un hombre racional.
La razón es para mi la expresión máxima de humanidad, justo por encima de la fe. Considero que seres irracionales, como un perro, son capaces de sentir amor y fe con tanta o más intensidad que un ser humano. Fe en el sentido puro de la palabra: la fidelidad sin fisuras de un irracional perro por su dueño es indistinguible de la fe religiosa. Por favor, no veáis metáforas crueles entre hombres y perros, no es mi intención.
Pero la razón sí es un patrimonio exclusivo del Hombre. Y es la consecuencia de que el cerebro humano sea una cima evolutiva absoluta. Desde mi punto de vista, hay tantas maravillas en este hecho, en el resto de la Naturaleza y en las creaciones del Hombre, que no necesito otras inventadas ex profeso con fines de manipulación y dominio. Por ejemplo, en lo que respecta al Diseño Inteligente, me parace maravilloso que la existencia de mi cerebro se deba a un puñado de errores genéticos en los momentos oportunos. Un puro milagro.
El resto es la eterna mal entendida discusión entre gente de fe y gente de razón. Y digo mal entendida porque en el fondo es una discusión en dos idiomas: la fe, por definición, excluye a la razón. Lo exige para ser viable. No lo digo yo, ni los ateos o agnósticos convencidos solo, lo dicen además tantos y tantos hombres y mujeres religiosos que al madurar intelectualmente se apartan de las creencias religiosas (a pesar del cariño que provoca, por ejemplo, la imagen fabricada para Jesús de Nazareth) porque no bastan precisamente para aquello a lo que dicen dedicarse: explicar lo inexplicable.
La razón, al menos, no nos engaña: por supuesto que existen cosas inexplicables; si continúan así no es porque la razón sea inútil, tanto en su expresión filosófica como en la científica. En ocasiones el Hombre no ha alcanzado el desarrollo suficiente de conocimiento necesario para explicar un fenómeno natural; otras veces, directamente, tal o cual fenómeno quedará para siempre fuera del alcance de la Razón.
El que la Razón sea la mejor herramienta del intelecto humano no significa que sea infalible. Precisamente por esa carencia sabemos que los pueblos y los seres humanos que se sienten desamparados crean dogmas, los siguen a ciegas y matan por defenderlos y expandirlos. Es infinitamente más fácil atribuir la explicación de todo a entidades divinas que asumir nuestra pequeñez frente al Universo y el hecho de que nunca lo abarcaremos. Nada que ver con el empeño de D. Juan Manuel de Prada en que los ateos, que promovemos el laicismo como un movimiento de moderada rebelión contra los abusos de la privilegiada Iglesia, consideramos dioses a los hombres. Y mucho menos a los animales.
A mi me da que saberse elegidos por Dios, que en su infinito poder encuentra tiempo para revelar la verdad a un conjunto de violentos pastores neolíticos (exagero en esto del Neolítico, me dirán los que sepan la diferencia entre Historia y Prehistoria, pero es que me luce), que les informa de que pueden administrar a su antojo la Tierra (aunque habría sido más práctico que además de los mandamientos hubiera incluido en el lote los libros de texto de 4º de la ESO; la gente de ciencia se habría ahorrado dos mil años de trabajo), que encuentra divertido jugar con el terror del pobre Isaac pero se niega en apariencia a hacer lo mismo con palestinos e israelíes (por citar a los otros dos pueblos elegidos por el Verdadero Dios Respectivo que conocen el mito de Abraham), me da que eso sí que es creerse dioses.
Don Lalo, de nuevo te agradezco tu amabilidad al comentar. Lo habitual en tus correligionarios es hacer el vacío. También el exabrupto y la ira son monedas con que la gente de fe nos paga a los ateos nuestras convicciones. Pero tú, que no estás de acuerdo conmigo, has dedicado unos minutos a explicar tu perspectiva. Gracias por tu respeto.
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