Primera declaración de intenciones
MiesVan y Celso me pedían con frecuencia que me hiciera una bitácora de estas. Pedidles cuentas a ellos.
El tema que trataré es único, y es este: el que me apetezca. Pero se aceptan sugerencias, por favor.
“¿Por qué lo llaman guerra? Las guerras se acaban” está tomado de la gran serie de TV “The Wire”.
Y aquí va la primera parte: soy fan (como tantos) de las buenas series de TV, coincido con la mayoría en que el verdadero talento creador de los contadores de historias en formato audiovisual está concentrado en la actualidad en la pequeña pantalla.
Me he convertido en un adicto al VOS, en parte por impaciencia y en parte porque el trabajo de los actores no debería ser destrozado por el doblaje (que, cuando hay suerte, sólo cambia la personalidad que infunde un intérprete a su personaje).
Hago una lista (no exhaustiva) de las series que me han hecho pasar los mejores ratos frente a la tele: “Los Walton”, “Lou Grant”, “Canción triste de Hill Street”, “Aquellos maravillosos años”, “Doctor en Alaska” y “Policías de Nueva York”. “Friends”, “Las Chicas Gilmore”, “El Ala Oeste de la Casa Blanca” y “Los Soprano”. “Anatomía de Grey”, “Prison Break” y “Perdidos”.
Son todas muy conocidas, pero hay otras pequeñas maravillas que no han tenido tanto público: “The wire”, “Brotherhood” o “Los hermanos Donnelly” son policíacas magistrales.
Pequeñas comedias con momentos cumbre desternillantes son “Arrested Development”, “30rock”, “Cómo conocí a vuestra madre”, “Me llamo Earl”, “Samantha Who?” y “The Big Bang Theory”.
Otras de ciencia ficción o de carácter inclasificable a veces salen mal (“Los 4400″, “Surface”, “Terminator. The Sarah Connor Chronicles”), a veces ni siquiera llegan a cuajar (“Meadowlands” y “Traveler” merecían mejor suerte), a veces no están mal para mi pero el público las patea (“Day Break”, “Cinco días para morir”). A veces parece que la serie me quiere patear a mi (“Ergo Proxy”).
A veces lo que debería ser solo una exquisita rareza triunfa (“Weeds”, “Dexter”) y a veces crees que el público es idiota por no acompañar a una de las obras cumbre de la televisión mundial (“Studio 60 on the Sunset Strip”). A veces languidecen alguna temporada para después resucitar llenas de creatividad (“Sexo en Nueva York”, “Heroes”).
Pero siempre se puede decir lo mismo de las buenas series de TV. Son el refugio para los que creen que se debe desarrollar los personajes más allá de la exigencias de un largometraje, algo así como una novela visual.
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