Vuelvo a las andadas

18 12 2009

Parece que voy superando una época gris y estoy aquí de nuevo. Se la debo al siempre inteligentísimo D. Javier Marías. Un artículo suyo en el suplemento en el que escribe hace años me dejó marcado. Muchos, según Marías, usan blogs anónimos o casi para la demostración de odio, intolerancia, etc., amparados en el anonimato. De repente, me ví así y no me gusté. Hay tantas cosas que me enfadan. Una de ellas, la existencia de ateos que a veces tienden a confundir los esputos de la curia romana con la sincera e inocente fe de los creyentes de base. Como yo la he confundido a veces. No cerré este blog solo por dejadez.

El viento helado de esta aburridísima crisis ya me estaba calando hasta los huesos, mi negocio la notaba de pleno. Veía además, cómo mi vida personal se estaba nublando también. Me encerré este verano y este otoño. Me aparté de los amigos que menos se molestaban por mí, sin preguntarme qué podía yo hacer por ellos. Hasta dejé la bici y el monte.

Bien; nada en el mundo exterior ha cambiado, excepto algunos posibles amigos nuevos; los viejos parecen seguir siendo pacientes conmigo. Pero ya estoy harto. Me sacudo el polvo que se ha ido posando sobre mi cabeza y reactivo todas las cosas que de verdad me gustan. Una de ellas es este blog y el cruce de opiniones con MiesVan. Aunque no tocaré dos temas que hasta ahora eran característicos:

- Religión. Soy ateo. ¿De verdad me preocupa tanto la religión? Mi postura está clara ¿para que insistir? Y a Don Juan Manuel de Prada no le puedo sacar más punta. Es injusto denostarlo desde el anonimato relativo de este blog, que por razones empresariales no puedo convertir en transparente. Por supuesto que mis amigos y mis contactos de redes sociales pueden enlazar hasta aquí, pero es mi gente, aproximadamente.

- Política y economía: desesperan. Es inútil. Ni el análisis a posteriori ni la reflexión previa sirven de nada con esta especie llamada Homo sapiens.

Así que voy a tratar de no pensármelo ni una vez antes de escribir que algo me gusta; y me lo pensaré más de dos veces si me apetece hacerlo sobre algo que me disgusta. No es autocensura, sino una llamada a lo positivo. A ver qué tal me sale.





Hello world!

15 10 2008

Primera declaración de intenciones

MiesVan y Celso me pedían con frecuencia que me hiciera una bitácora de estas. Pedidles cuentas a ellos.

El tema que trataré es único, y es este: el que me apetezca. Pero se aceptan sugerencias, por favor.

“¿Por qué lo llaman guerra? Las guerras se acaban” está tomado de la gran serie de TV “The Wire”.

Y aquí va la primera parte: soy fan (como tantos) de las buenas series de TV, coincido con la mayoría en que el verdadero talento creador de los contadores de historias en formato audiovisual está concentrado en la actualidad en la pequeña pantalla.

Me he convertido en un adicto al VOS, en parte por impaciencia y en parte porque el trabajo de los actores no debería ser destrozado por el doblaje (que, cuando hay suerte, sólo cambia la personalidad que infunde un intérprete a su personaje).

Hago una lista (no exhaustiva) de las series que me han hecho pasar los mejores ratos frente a la tele: “Los Walton”, “Lou Grant”, “Canción triste de Hill Street”, “Aquellos maravillosos años”, “Doctor en Alaska” y “Policías de Nueva York”. “Friends”, “Las Chicas Gilmore”, “El Ala Oeste de la Casa Blanca” y “Los Soprano”. “Anatomía de Grey”, “Prison Break” y “Perdidos”.

Son todas muy conocidas, pero hay otras pequeñas maravillas que no han tenido tanto público: “The wire”, “Brotherhood” o “Los hermanos Donnelly” son policíacas magistrales.

Pequeñas comedias con momentos cumbre desternillantes son “Arrested Development”, “30rock”, “Cómo conocí a vuestra madre”, “Me llamo Earl”, “Samantha Who?” y “The Big Bang Theory”.

Otras de ciencia ficción o de carácter inclasificable a veces salen mal (“Los 4400″, “Surface”, “Terminator. The Sarah Connor Chronicles”),  a veces ni siquiera llegan a cuajar (“Meadowlands” y “Traveler” merecían mejor suerte), a veces no están mal para mi pero el público las patea (“Day Break”, “Cinco días para morir”). A veces parece que la serie me quiere patear a mi (“Ergo Proxy”).

A veces lo que debería ser solo una exquisita rareza triunfa (“Weeds”, “Dexter”) y a veces crees que el público es idiota por no acompañar a una de las obras cumbre de la televisión mundial (“Studio 60 on the Sunset Strip”). A veces languidecen alguna temporada para después resucitar llenas de creatividad (“Sexo en Nueva York”, “Heroes”).

Pero siempre se puede decir lo mismo de las buenas series de TV. Son el refugio para los que creen que se debe desarrollar los personajes más allá de la exigencias de un largometraje, algo así como una novela visual.








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