Tras ver en TV.com que uno de los mejores (o al menos más adecuados) repartos en una serie de TV es el de “Friday Nights Lights”, decidí conseguir la 1ª temporada.
Entre asombrado y desilusionado trato de ver completo el primer episodio. En Dillon (Texas), el equipo de fútbol es el protagonista de la vida del pueblo. Paso un ratito aguantando esos tempos tipo cine indie (tomas desde el coche de casas de madera y gasolineras; planos con la protagonista en una esquina, en fin, cine indie estadounidense, vamos).
Espero que llegue la ironía, la ráfaga de humor que refresque, pero nada. Definitivamente, no estoy viendo la 2ª temporada de “Weeds” o “30rock”.
Estos chicos se toman muy en serio su fútbol (nada de soccer, por favor, fútbol de verdad. ¿A que todo el mundo considera que su fútbol es el de verdad? Es como los raperos adolescentes españoles, siempre defendiéndose de no se sabe qué ataques). En fin.
Que nada. Que no. Grandes frases: Que Dios bendiga el fútbol, te mereces ganar, ojalá que dentro de veinte años estemos todos viviendo en Texas… Y aún no descubro el momento-ironía. Lamentablemente, hay tantas buenas series que casi decido no conceder el beneficio de la duda a esta. Hasta que me acuerdo de las hordas cristianistas.
Señores Prada Maturin y Rouco Aubrey, he aquí mi recomendación: “Friday Nights Lights” es la serie que todo buen creyente debería ver. Existe un lugar en el que la tradición lo es todo. Un lugar en el que Dios te ayuda a ganar partidos. Sepan vds. que no está todo perdido. Hay un sitio donde no ha llegado la odiosa modernidad: Dillon, Texas.
La comunidad deportiva se une y reza cuando el quarterback líder de su comunidad recibe un castañazo que casi lo quiebra. Desde luego, ganan el partido sin él. El domingo los negros rezan en su iglesia y los blancos en la suya. Pero me voy a quedar sin saber si el guaperas acaba en una silla de ruedas o si él y su novia siguen siendo la pareja del año en el baile. Por cierto, la novia del bello y blanco lesionado tiene una boca tan bonita que sólo se me pasaban por la cabeza guarradas laicas, sr. de Prada. Es lo malo de carecer de virtud.
Lo bueno es que he mejorado mi decorado mental para Ullapezoola, patria del Marshall de los Estados Unidos. Un poco de Medio Oeste para sus laicos ojos, amigos.
Comentarios recientes