Lo diga quien lo diga

31 03 2010

Así se expresan quienes nos gobiernan:

Lo diga quien lo diga

Los gobernantes de nuestra aconfesional administración regional abren la boca para indicar que una (improbable) resolución judicial para desmontar el espantoso cristo de Monteagudo no va con ellos. Esto es, que al igual que sucede en Madrid o Valencia, el PP incita a desobedecer la ley y las resoluciones judiciales.

Vota PP.





Vuelvo a las andadas

18 12 2009

Parece que voy superando una época gris y estoy aquí de nuevo. Se la debo al siempre inteligentísimo D. Javier Marías. Un artículo suyo en el suplemento en el que escribe hace años me dejó marcado. Muchos, según Marías, usan blogs anónimos o casi para la demostración de odio, intolerancia, etc., amparados en el anonimato. De repente, me ví así y no me gusté. Hay tantas cosas que me enfadan. Una de ellas, la existencia de ateos que a veces tienden a confundir los esputos de la curia romana con la sincera e inocente fe de los creyentes de base. Como yo la he confundido a veces. No cerré este blog solo por dejadez.

El viento helado de esta aburridísima crisis ya me estaba calando hasta los huesos, mi negocio la notaba de pleno. Veía además, cómo mi vida personal se estaba nublando también. Me encerré este verano y este otoño. Me aparté de los amigos que menos se molestaban por mí, sin preguntarme qué podía yo hacer por ellos. Hasta dejé la bici y el monte.

Bien; nada en el mundo exterior ha cambiado, excepto algunos posibles amigos nuevos; los viejos parecen seguir siendo pacientes conmigo. Pero ya estoy harto. Me sacudo el polvo que se ha ido posando sobre mi cabeza y reactivo todas las cosas que de verdad me gustan. Una de ellas es este blog y el cruce de opiniones con MiesVan. Aunque no tocaré dos temas que hasta ahora eran característicos:

- Religión. Soy ateo. ¿De verdad me preocupa tanto la religión? Mi postura está clara ¿para que insistir? Y a Don Juan Manuel de Prada no le puedo sacar más punta. Es injusto denostarlo desde el anonimato relativo de este blog, que por razones empresariales no puedo convertir en transparente. Por supuesto que mis amigos y mis contactos de redes sociales pueden enlazar hasta aquí, pero es mi gente, aproximadamente.

- Política y economía: desesperan. Es inútil. Ni el análisis a posteriori ni la reflexión previa sirven de nada con esta especie llamada Homo sapiens.

Así que voy a tratar de no pensármelo ni una vez antes de escribir que algo me gusta; y me lo pensaré más de dos veces si me apetece hacerlo sobre algo que me disgusta. No es autocensura, sino una llamada a lo positivo. A ver qué tal me sale.





El Pater

15 01 2009

Nuestro estimado en lo que vale D. Juan Manuel de Prada concedió recientemente una entrevista a D. Alfredo Urdaci, con el que me une un gran parecido físico y una absoluta coincidencia en una idea: si nos conociéramos en persona nos repugnaríamos de inmediato.

Este es el enlace a la entrevista en Gaceta.es.

Si el sr. de Prada construyera casas, lo haría sin duda reutilizando ladrillos de adobe, cerámica de la fábrica de Santa Lucía (Cartagena), colañas de cortijadas albaceteñas y, sin duda, mortero romano. Todo bien revuelto. Obtendría hitos de la arquitectura dignos del ¡Concurso de Casa Más Feas del Mundo!, del mismo modo que sus creaciones literarias podrían constituirse en monumentos a la erudición. Tiempo al tiempo.

La derecha española, tan escasa en logros artísticos e intelectuales (sin duda culpa del Grupo Prisa, que desde hace siglos domina la escena periodística y, por extensión, la cultural. Cabrones), ya tiene su titán.

Merece la pena la entrevista. Es bueno conocer a la gente que nos interesa, para bien o para mal. Nos interesa el sr. de Prada por su extraordinaria habilidad para convertir el anacronismo, la pedantería y la intolerancia en virtudes. Para conseguir que la gente que se dedica a perseguir a otros pase por víctima. Para inventarse su nicho ecológico: escritor ultracatólico que se enfrenta a los leones del laicismo. Para mi es un síntoma de una inteligencia fuera de lo común.

El reconocido escritor cree que “el mundo cultural español está monopolizado por la izquierda hasta niveles atroces. Ningún escritor contraría el pensamiento establecido.” Estoy de acuerdo. Parece que la gente de la cultura y la mayoría de intelectuales son o se vuelven de izquierdas. Es terrible y además inexplicable, dada la inmaculada (perdón, prístina) trayectoria de la derecha española.

Afirma que “La gente tiene el cerebro corrompido por las ideologías”. Por Dios, es totalmente cierto. De nuevo tiene razón. Por suerte, él parece libre de doctrinas y se muestra dispuesto a combatirlas.

Y continúa: “me di cuenta de que cualquier enano mental, cualquier escritorzuelo mediocre utilizaba el vituperio contra la Iglesia para colocarse medallas. Esto ocurre en todos los rangos. Y despertó en mí una enorme curiosidad. Una Institución tan vituperada tenía que tener algo bueno.” Es un destacable razonamiento, a la altura de los de sus correligionarios. Desde luego, las instituciones vituperadas tienen que tener algo bueno. Es muy lógico. Yo ahora soy muy de la Stasi. Tiene un no sé qué.

El escritor que odia los microscopios pasó por Valencia para unirse a la conmemoración del LX Aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. A propósito de su excursión, encontramos en XLSemanal dos columnas: \"Derechos Humanos (I)\" y \"Derechos Humanos (y II)\"

Por favor, leedlas y difundidlas. No es difícil estar de acuerdo en la mayoría de lo expuesto.

El bueno de Aristóteles, a pesar de sus magníficas ideas sobre lo que en realidad son las mujeres, es la piedra angular de la cultura occidental. Nota: no parece que el buen filósofo hubiera odiado la ciencia y otras fuentes de conocimiento actuales tanto como el señor de los trajes arrugados.

Yo en realidad me quedo, sin ninguna ironía, con “En una sociedad multiétnica y plurirreligiosa, la única base para los valores comunes reside en los derechos humanos; si estos derechos no se definen de manera clara, caeremos en un estado de anarquía ética.”

De hecho, de estas palabras del sr. de Prada, soy bastante más partidario que él mismo, a juzgar por su trayectoria antilaicista y antitodoloquenoseaiglesiacatólica. Continúo leyendo al que se incomoda ante una bata blanca y encuentro más puntos en los que coincido.

También me opongo a ese subjetivismo (de época, de orientación política o sexual, el que sea) al que se aferran muchos para insistir en que no hay verdades universales, sino “tu verdad” y “mi verdad” (recuerdo una conversación cul de sac con Marian a principios de los noventa). El todo vale. El de respeto tu opinión pero no la comparto, como si todas las opiniones fueran respetables. D. Javier Marías lo explica mejor que yo, buscadlo: lo respetable es el derecho a expresar opiniones, no su contenido en sí. El skinhead de mierda tiene derecho a que nadie le tape la boca y pedir la muerte del inmigrante e inmediatamente los demás tenemos el derecho a tomar nota de lo que dice y procesarlo.

Pero no tenemos derecho a pedir que no se exprese una opinión, por irreverente (sin ir más lejos) que sea. Esto es muy típico de los católicos ultrajados: exigen altivamente que nadie ose expresarse de forma poco respetuosa sobre sus Fantasías Animadas de Ayer y Hoy. Y siempre encontrarán la misma respuesta: “usted cuide de que su Virgen María no pierda la cabeza en un bache en Algezares y queden los palos del andamio a la vista, que yo cuidaré personalmente mis opiniones. Lleve usted pañuelos para las señoras que lloran y se desmayan al paso de un ídolo cubierto de plástico porque llueve y ya me encargaré yo de asimilar que cuando me muera, desapareceré y el mundo seguirá su curso sin mi. Déjeme en paz, hombre, y preocúpese de reconocer a su Mesías cuando vuelva y se lo cruce por la calle hablando un dialecto de Oriente”.

Ah, el adolescente que suelta la consola y descubre la letra escrita, que se atraganta con el pañuelo palestino, el que escupe a toda pastilla consignas por el megáfono, con un batiburrrillo desorganizado en su recién nacida mente pensante. Conozco alguno, creedme.

El tertuliano paniaguado del PSOE, que insiste en los lugares comunes de siempre, sin entender de una vez que él y los vuelcacontenedores hacen tanto daño a la verdadera izquierda (la razonada e inevitable, no la inculcada) como el sr Rouco y la sra. Botella a la derecha. El daño al que me refiero no se traduce en pérdida de votos, desde luego; el electorado adora el proselitismo, no el razonamiento. El daño se puede traducir, por ejemplo, en desperdicio de talento como el de la sra. Díez o los sres. Pimentel y Gallardón.

Así que no te calientes tanto, Iván Denisovich, con los flageladores Rouco Aubrey y Prada Maturin, ¿no ves que hay acuerdo?

Jamás he defendido el Relativismo (lo siento, MiesVan). Creo que la razón y el estudio detallado de la historia permiten sacar buenas conclusiones: válidas para toda la especie humana, estables, eternas. Por supuesto que creo que existe una ley natural que pueda permitir y garantizar las cosas más importantes a todos los seres humanos.

Esta ley puede coincidir en determinados puntos con algún que otro catecismo y eso no es problema. La mayoría dicen “No matarás”, excepto alguno como el que la Iglesia Católica española aprobó a finales de los años cuarenta, que añadía matices para flexibilizar el dichoso mandamiento. Al contrario, la coincidencia demuestra que los inventores de catecismos en ocasiones se ven obligados, para captar adeptos, a ser lógicos. No todo el mundo es idiota todo el tiempo, ni siquiera los pastores neolíticos y sus descendientes.

El mismo sr. de Prada expresa bien lo que todos sabemos: ya no hay una racionalidad ética. Pero me escama lo poco que coinciden estas ideas con otras sobre miles de jóvenes aullando (es una imagen tannnnn gay, seguro que Rouco la adora) y dejando caer lluvias de flechas sobre los sarracenos. En fin, todos tenemos nuestra propia heterodoxia.

Un cordial saludo a mi adversario (más que enemigo) D. Juan Manuel de Prada. Y mis disculpas anticipadas porque, si bien él como adversario y excusa para el razonamiento me hace crecer, dudo mucho que suceda lo mismo en la dirección contraria. Besos de un enano mental.





D. Juan Manuel de Prada es Stephen Maturin

4 12 2008

Sí, estimados seguidores. El Postrer Alienado, el Señor de los Enjuagues, Primer Lord Mayor de la Mar Laica, el muy Reputado Plumífero, Protector de las Bestias, Bocado de Ambrosía para Escilas y Caribdis, el muy apetitoso marsupialín D. Juan Manuel de Prada, cae presa de un rapto místico. En su abducción, el Intelectual Irracional sueña que es el cirujano Stephen Maturin.

Rapto místico completo

El honorable Patrick O’Brian (artículo sobre el gran escritor) nos deleitó a muchos con su serie de novelas sobre la marina inglesa, protagonizada por el capitán Jack Aubrey y el cirujano Stephen Maturin. Muchos recordarán la magnífica película de Peter Weir, “Master & Commander”.

El cirujano y doctor Stephen Maturin, una amalgama irlandesa – catalana hecha espía y torpe marinero (su comicidad desaparece en la película), dedicado en cuerpo y alma a la Ciencia Natural y a combatir al tirano Bonaparte, acaba de encarnarse en D. Juan Manuel de Prada. Es cierto que el sueño de la razón produce monstruos, y que la tajada del Sr. Prada con vino eucarístico debió de ser fabulosa.

En sus etílicas y cristianísimas ensoñaciones, Juanma tuvo visiones de una mar laica en la que un frágil barquito (bastante desvencijado, añadiríamos MiesVan y yo mismo) navega a contracorriente. El susodicho barco es la Iglesia.

Resulta además que “el vino adulterado de nuestra época se llama laicismo”. Vaya, hombre. Con razón tengo este dolor de cabeza, que yo atribuía a la lectura de blogs de concejales populares. Pero me concederá, animado Sr. Prada, que con su exquisito vino de Caná también se agarran unas jumeras serias. No podrá negar que sus expansiones intelectuales, a modo de pías flatulencias, no tienen que ver con la ingesta inmoderada de fermentados de uva de calidad bendecida. Ande, confiese, padre.

En su inenarrable trompa, el litúrgico Intelectual Con Mayúsculas rememora el inmenso daño sufrido por la Inocente Iglesia a manos de sofistas (cómo no) y demagogos a lo largo de su historia. Insiste en la catolicista obsesión con que tiene que haber un Dios, pues nos recuerda que el laicismo “le dice al hombre que Dios no existe, le dice al hombre que él mismo es Dios, le promete la liberación de todas las ataduras”, confundiendo ‘laicismo’ (exigencia de dedicar a la religiones los espacios libremente designados por las sociedades para ellas, y no permitir su imposición en otros) con ‘ateísmo’ (negación de la existencia de dioses). Confusión muy de moda entre los radicales de la hoguera, tan en boga. Confusión que en el señor de Prada es aún mayor en vista del patente pedo que experimenta mientras teclea. Y es que, como le dijo el afamado juerguista San Agustín a aquella rueda de carro que le escuchaba tan atentamente “las mejores las he agarrao siempre con vino del bueno, colega”.

D. Juan Manuel de Maturin observa ensimismado (no se sabe si por el sopor de la navegación o por la embriaguez que le da a su hondo aliento poético ese tono avinagrado) la Mar Laica. Junto a él, comprobando satisfecho la tensión como de cuerda de piano de la jarcia, está Rouco Aubrey. Ambos se saben portadores de La Verdad Única y guían el barco en estos tiempos en que todo lleva en dirección contraria a Dios. Recogen, flotando con determinación, como es su costumbre, a D. José Mª Aznar, que consumido por la fiebre musita algo ininteligible sobre armas de destrucción masiva. Prosigue la singladura hacia el Nuevo Día. Pocas horas después, el Mamporrero de las Azores salta con alegría contagiosa de su camastro mientras dice “¡Bien, bien! ¿Qué me he perdido? Amigos, que Dios bendiga América”.

Al día siguiente, en una nueva y aún agitada singladura, encuentran flotando en las laicas aguas a Tomás de Aquino, agarrado firmemente a la silla de Aristóteles. Desfallecido por el esfuerzo, les comunica que acabó con el último nominalista días atrás, en singular combate naval que pese a todo acabó en naufragio, y que cientos de pececillos laicos llevan desde entonces mordisqueándole los huevecillos. “Además, la puta silla esta casi no flota” apostilla.

A media mañana, oyen un rumor lejano, que al poco se convierte en intenso griterío; de repente, les cae una lluvia de flechas, una de las cuales interesa a Monseñor Aubrey en el ojo derecho y queda convertido en un clerical remedo de Heino, a pesar de los cuidados de Prada Maturin. Minutos más tarde, el vigía grita desde su cofa que se trata de miles de jóvenes exultantes, hijos espirituales de Francisco de Asís, que elevan al cielo un bosque de flechas, pero que al caer se ha convertido en lluvia de flechas, claro. Suben al barco a los miles de jóvenes indocumentados. “Dios proveerá” casi salmodia Rouco Aubrey. Mientras, se deben contentar con pescar (no anda Jesús por allí, está reunido en la Central) pececillos laicos.

No tarda mucho en distinguirse a alguien más en el agua. Es Yors Dábel Iú, antiguo Bush, convertido al Islam. Ni por esas ha conseguido encontrar a Bin Laden. Ale, a bordo.

El siguiente náufrago es Ignacio de Loyola. “Casi me dan polculo” se queja el aguerrido ante las amables peticiones de información de nuestra pareja protagonista de cómo va la Cruzada contra el Laico.

El vigía vuelve a gritar, pero esta vez es “¡Barco a la vista! ¡No parece laico!”. Todos van a sus catalejos, menos algunos miles de los miles de jóvenes, que siguen atiborrándose de peces laicos con una extraña expresión en sus rostros. Es lo que da el hacinamiento en cubierta, tendencia a la estuticia y al abandono.

Ambas embarcaciones se aproximan. Pronto se ve que la otra es tan solo un cutter aparejado con desidia, inglés sin duda. Se trata de la embarcación de recreo de Chesterton, el cual sostiene con una mano su arpa y con la otra guía a Caribdis mientras le hace una felación de aúpa. Escila observa la escena como es habitual en ella, sin ningún pudor y con un aire laico. Al descubrir al “Pío”, nuestro heroico barco, ambas saltan al agua, Caribdis con la boca extrañamente llena de sangre, mientras G.K. chilla como un berraco “¡Ayayai putas laicas, como os enganche… ayayayai!” o “¡Esto va a mi blog!” o algo por el estilo.

Entonces descubren, a la deriva, a un hombre muerto pero reflexivo, que ya se sabe cómo es la religión en materia de milagros, y no nos vamos a parar por un quítame allá esas pajas, como decía el Sr. de Prada en su adolescencia de timorato, antes de experimentar la Revelación. Decíamos que el fiambre de activo intelecto flotaba como buenamente hacen los cadáveres, y que el libre ejercicio de la flotación le permitía (hay tan pocas cosas que hacer cuando estás a la deriva) reflexionar. Y pensaba esto: “Yo tal vez esté muerto; y, puesto que nado a favor de la corriente, ni siquiera me habría dado cuenta. Pero para navegar como lo hace ese barco frágil hace falta estar vivo, porque sólo lo que está vivo puede navegar a contracorriente”. Cómo lo hace es un misterio, pero vaya si reflexiona el tío.

Con un bichero lo recoge el repuesto Aznar y lo suben a bordo. Muerto y todo, presenta bastante buen aspecto. Al ser tocado por Rouco Aubrey, se incorpora y narra su experiencia. Cuenta que cayó por la borda mientras estaba de francachela con Llamazares, y que en el agua laica vio “pasar a su lado, arrastrados por la corriente, a todos los sofistas y demagogos que lo aturdieron con sus promesas” a pesar de su deplorable estado de persona muerta, y que decidió subir “a ese barco al que una fuerza sobrenatural impulsa en sentido contrario”. Una oleada de aprobación se extiende por el barco y, lastimosamente, lo lleva a pique.

La culpa es de los miles de jóvenes que, al verse tan próximos y sin bosques de flechas que arrojar, se han dado a la molicie y a la procreación mientras Tomás de Aquino rompía la silla en la cabeza de aquellos que usaban condón. Ya lo dice la regla, “la única cuerda a bordo es la del reloj”, no, perdón, esa no es, “una mano para ti y otra para el barco”, esta sí.

La Iglesia, a pique en un Mar Laico. Esta vez, señor de Prada, fueron las “luchas intestinas”, no los consabidos sofismos. Y es que no se debe comer pececillos laicos sin cocinarlos bien antes, aunque sus parásitos constituyan un riesgo menor por la lejanía evolutiva. Gastaron todas sus cerillas en los Autos de Fe y no guardaron ninguna para su singladura por la procelosa Mar Laica. Qué se le va a hacer. No todo va a pasar en lunes.





Rouco y el espíritu de la Transición

26 11 2008

Tras ver una noticia en “La Verdad” sobre que Rouco Varela desea que se respete el espíritu de la Transición, decido ir a las fuentes en lugar de comportarme como el laico radical y prejuicioso que soy.

Aquí está el enlace del discurso del prelado:

Web de la Conferencia Episcopal Española

En un nada sorprendente ejercicio de diplomacia (la gran especialidad de la iglesia católica, últimamente un poco abandonado) leo y releo el grueso del discurso y a veces me encuentro de acuerdo con el sr. Rouco. Sí, amigos. Aparentemente, dice algunas cosas razonables para mi.

Tras los saludos y alusiones iniciales, trata un primer punto sobre la Palabra de Dios, asuntos internos. Tras ciertas disgresiones teológicas que no puedo discutir (apenas las entiendo y, desde luego, no me corresponde), acaba presentando el último éxito de la Conferencia Episcopal. Una curradísima versión corregida de la Biblia que nos permitirá ponernos en contacto con la verdad. En un segundo punto trata sobre la juventud, estrato social tan amado por el clero (no es coña, por favor).

Todo muy bien, cosas eclesiásticas, nada que objetar. Mi colmillo laicista comprende que la gente de religión, además de vivir su experiencia íntima, se organice en un eficaz, poderoso y milenario aparato. Desde luego, es para mi mejor que el pasotismo de un no practicante, que ni se atreve a tener fe y ser un buen católico, ni se atreve a pensar y quizá llegar al agnosticismo, ni acepta estar harto de cuentos y se confiesa ateo. Todo el derecho del mundo a atesorar sus creencias, su legado cultural, sus bienes y sus verguenzas.

Hemos llegado al punto III, sobre la situación actual. La iglesia española opina sobre los asuntos del siglo. En el párrafo 1 descubro la primera contradicción. Con elegancia no aluden al debate actual sobre la Ley para la Memoria Histórica, sino que inciden en la cristiana vocación por el perdón. Hay que purificar la memoria. Los profesores de Historia deben saber que según Monseñor, “A los jóvenes hay que liberarlos, en cuanto sea posible, de los lastres del pasado”. El propio Sr. Rouco cita (no voy yo a ser el único) ” “Al parecer, quedan desconfianzas y reivindicaciones pendientes. Pero todos debemos procurar que no se deterioren ni dilapiden los bienes alcanzados” ” o ” “Deseamos pedir el perdón de Dios para todos los que se vieron implicados en acciones que el Evangelio reprueba, estuvieran en uno u otro lado de los frentes trazados por la guerra. La sangre de tantos conciudadanos nuestros derramada como consecuencia de odios y venganzas, siempre injustificables, y, en el caso de muchos hermanos y hermanas como ofrenda martirial de la fe, sigue clamando al Cielo para pedir la reconciliación y la paz” “. De nuevo la insistencia en que el péndulo, saltándose las leyes de la física, debe quedar elevado en un extremo de su recorrido. Me explico.

Todos sabemos ya que la Segunda República no fue una maravilla. Atolondrados de todo tipo tomaron y dejaron de tomar decisiones. Animales analfabetos y animales educados en escuelas (civiles y militares) hicieron cosas terribles antes de julio de 1936. Eso ya es conocido. Yo mismo odio la mayoría de razones por las que se construyeron maravillosas iglesias, conventos, monasterios y catedrales; pero jamás se me ocurriría quemarlas ni matar a nadie por ello. Me siento sobrecogido y admirado de los logros artísticos e intelectuales que suponen la mayoría de los templos y en general del arte sacro. Desde luego, pertenecen a mi legado cultural, a mi pasado y el de mis vecinos.

Quién sabe si una República más ayudada por otros paises no habría organizado, de haber llevado las de ganar, muchas más matanzas industriales al estilo de las de la plaza de toros de Badajoz o quizá Paracuellos del Jarama (todos conocemos las escalas de las matanzas en los dos bandos de aquella guerra, está en los libros). Si en lugar de recurrir a la usurera Rusia la República hubiera recibido ayuda de paises también democráticos como Francia, Inglaterra y EE.UU., quizá la Iglesia se hubiera puesto de su parte (a la vez que quizá hubiera ayudado a militares nacionales a huir a Sudamérica). Historia-ficción, claro.

Los malos eran los que apretaban el gatillo, los buenos, los que recibían la bala. Eso es lo que da el vivir en tiempos de paz (en democracia), Sr. Rouco, que uno puede decir simplezas sin llevarse un machetazo o ser fusilado. ¿Verdad? Pero hay un problema. Quizá su Iglesia ahora considere pecadores a los que cometieron atrocidades en ambos bandos. Su Iglesia sigue rogando que se olvide a unos mártires y se ensalce a otros. ¿Dónde queda, Sr. Rouco, la liberación de los lastres del pasado? Miles de familias han tenido la oportunidad de vivir sin lastres morales durante décadas, porque su única referencia moral les recordaba cada domingo que habían matado justamente. Sin embargo, otros poquitos miles de familias pasaron esas décadas sin saber dónde estaban los restos mortales de sus seres queridos, sin poder honrarlos, mientras veían cómo otros tenían derecho al reconocimiento como héroes y mártires. El péndulo osciló hacia un lado.

Muere Francisco Franco en una cama hospitalaria, en una cama que no pertenecía a la enfermería de una cárcel. A diferencia de sus colegas alemán e italiano, muere en paz. Transición española, animada por el espíritu que tan bien encarnaron y llevaron a la práctica grandes hombres como el Rey, Suárez o Fernández Miranda, además de la clase política de la época, con muy pocas excepciones. Todos los implicados renunciaron a muchas cosas por el bien común. Esa es la imagen que ha quedado. Aunque quizá convenga olvidar que muchas cosas se hicieron así, además de por un noble espíritu, por apaciguar los chirridos de sable y las balas en la nuca. Que el miedo también consigue cosas.

Vuelven a España muchos exiliados (algunos no perdonarán nunca, Sr. Rouco, no tienen su capacidad para sobreponerse y se quedarán en sus Francias y sus Méxicos) y se escriben muchos libros sobre lo santos que eran los del bando republicano, con ocasionales incursiones de francotiradores como Díaz-Plaja (je je). El péndulo baja y continúa en su oscilación hacia el otro lado durante el gobierno socialista. Más libros, algunos ya no son exégesis, quizá algunos sean objetivos. Incluso (esto es muy español) hemos dicho cientos de veces que los mejores eran escritos por extranjeros. Curioso.

Lo normal sería que el dichoso péndulo fuera perdiendo fuerza en la siguiente bajada. Pero en la España de Aznar todo era bollante. Así que fue muy bollante la idea de que en la Guerra Civil eran todos cenutrios y malos. Que los que se alzaron el 18 de julio estaban asistidos por un mismo sentimiento de justicia y tenían tanta razón como los que decidieron no hacerlo. Y nuevo impulso al péndulo. Nada, macho, no hay manera de que se quede parado de una vez en la posición correcta. Los señores de la derecha de este país han decidido que lo justo es lo salomónico (¿pero alguien recuerda que Salomón mandó primero partir al nene de las narices? ¿y si la madre embustera llega a decir que no? ¿a que lo habría hecho?).

Pero no, señores de la derecha. En ocasiones el punto equidistante entre dos posiciones no es lo justo. A veces discuten dos personas y sólo una de ellas lleva razón. A pesar del Terror, a pesar de la Rusia bolchevique, de la Cuba de Castro, la Historia no considera que el Antiguo Régimen, los zares o Batista fueran buenos. Aquí, en España, hemos descubierto que silenciar a las víctimas una (represión de la posguerra), dos (perdón a los asesinos durante la Transición) y hasta tres veces (la Audiencia Nacional lleva a que el juez que más promueve la aplicación de una ley – imperfecta pero vigente – lo deje), es perfectamente justo. Mientras, las víctimas asesinadas por los bárbaros incluidos en el bando republicano son canonizadas y santificadas. Sr. Rouco, no sé qué más decir. Parece que “no se deterioren ni dilapiden los bienes alcanzados”.

Con curiosidad contemplamos cómo se va creando un Nuevo Dogma Laico. La Transición, como no derivó en guerra, fue Perfecta. El extraordinario sacrificio de soportar que un régimen por fin democrático decidiera que los crímenes cometidos por una maquinaria estatal quedarían impunes no cuenta. No hubo un Nuremberg español. Y no hay nada que agradecer a nuestros mayores que perdieron una guerra dos veces. Todos esos hijos de puta que mantuvieron a España en la cola aún más tiempo murieron en sus cómodas camas, no en enfermerías carcelarias. Y los olvidados revolviéndose en sus fosas. De las que no se sabe si saldrán.








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