El Pater

15 01 2009

Nuestro estimado en lo que vale D. Juan Manuel de Prada concedió recientemente una entrevista a D. Alfredo Urdaci, con el que me une un gran parecido físico y una absoluta coincidencia en una idea: si nos conociéramos en persona nos repugnaríamos de inmediato.

Este es el enlace a la entrevista en Gaceta.es.

Si el sr. de Prada construyera casas, lo haría sin duda reutilizando ladrillos de adobe, cerámica de la fábrica de Santa Lucía (Cartagena), colañas de cortijadas albaceteñas y, sin duda, mortero romano. Todo bien revuelto. Obtendría hitos de la arquitectura dignos del ¡Concurso de Casa Más Feas del Mundo!, del mismo modo que sus creaciones literarias podrían constituirse en monumentos a la erudición. Tiempo al tiempo.

La derecha española, tan escasa en logros artísticos e intelectuales (sin duda culpa del Grupo Prisa, que desde hace siglos domina la escena periodística y, por extensión, la cultural. Cabrones), ya tiene su titán.

Merece la pena la entrevista. Es bueno conocer a la gente que nos interesa, para bien o para mal. Nos interesa el sr. de Prada por su extraordinaria habilidad para convertir el anacronismo, la pedantería y la intolerancia en virtudes. Para conseguir que la gente que se dedica a perseguir a otros pase por víctima. Para inventarse su nicho ecológico: escritor ultracatólico que se enfrenta a los leones del laicismo. Para mi es un síntoma de una inteligencia fuera de lo común.

El reconocido escritor cree que “el mundo cultural español está monopolizado por la izquierda hasta niveles atroces. Ningún escritor contraría el pensamiento establecido.” Estoy de acuerdo. Parece que la gente de la cultura y la mayoría de intelectuales son o se vuelven de izquierdas. Es terrible y además inexplicable, dada la inmaculada (perdón, prístina) trayectoria de la derecha española.

Afirma que “La gente tiene el cerebro corrompido por las ideologías”. Por Dios, es totalmente cierto. De nuevo tiene razón. Por suerte, él parece libre de doctrinas y se muestra dispuesto a combatirlas.

Y continúa: “me di cuenta de que cualquier enano mental, cualquier escritorzuelo mediocre utilizaba el vituperio contra la Iglesia para colocarse medallas. Esto ocurre en todos los rangos. Y despertó en mí una enorme curiosidad. Una Institución tan vituperada tenía que tener algo bueno.” Es un destacable razonamiento, a la altura de los de sus correligionarios. Desde luego, las instituciones vituperadas tienen que tener algo bueno. Es muy lógico. Yo ahora soy muy de la Stasi. Tiene un no sé qué.

El escritor que odia los microscopios pasó por Valencia para unirse a la conmemoración del LX Aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. A propósito de su excursión, encontramos en XLSemanal dos columnas: \"Derechos Humanos (I)\" y \"Derechos Humanos (y II)\"

Por favor, leedlas y difundidlas. No es difícil estar de acuerdo en la mayoría de lo expuesto.

El bueno de Aristóteles, a pesar de sus magníficas ideas sobre lo que en realidad son las mujeres, es la piedra angular de la cultura occidental. Nota: no parece que el buen filósofo hubiera odiado la ciencia y otras fuentes de conocimiento actuales tanto como el señor de los trajes arrugados.

Yo en realidad me quedo, sin ninguna ironía, con “En una sociedad multiétnica y plurirreligiosa, la única base para los valores comunes reside en los derechos humanos; si estos derechos no se definen de manera clara, caeremos en un estado de anarquía ética.”

De hecho, de estas palabras del sr. de Prada, soy bastante más partidario que él mismo, a juzgar por su trayectoria antilaicista y antitodoloquenoseaiglesiacatólica. Continúo leyendo al que se incomoda ante una bata blanca y encuentro más puntos en los que coincido.

También me opongo a ese subjetivismo (de época, de orientación política o sexual, el que sea) al que se aferran muchos para insistir en que no hay verdades universales, sino “tu verdad” y “mi verdad” (recuerdo una conversación cul de sac con Marian a principios de los noventa). El todo vale. El de respeto tu opinión pero no la comparto, como si todas las opiniones fueran respetables. D. Javier Marías lo explica mejor que yo, buscadlo: lo respetable es el derecho a expresar opiniones, no su contenido en sí. El skinhead de mierda tiene derecho a que nadie le tape la boca y pedir la muerte del inmigrante e inmediatamente los demás tenemos el derecho a tomar nota de lo que dice y procesarlo.

Pero no tenemos derecho a pedir que no se exprese una opinión, por irreverente (sin ir más lejos) que sea. Esto es muy típico de los católicos ultrajados: exigen altivamente que nadie ose expresarse de forma poco respetuosa sobre sus Fantasías Animadas de Ayer y Hoy. Y siempre encontrarán la misma respuesta: “usted cuide de que su Virgen María no pierda la cabeza en un bache en Algezares y queden los palos del andamio a la vista, que yo cuidaré personalmente mis opiniones. Lleve usted pañuelos para las señoras que lloran y se desmayan al paso de un ídolo cubierto de plástico porque llueve y ya me encargaré yo de asimilar que cuando me muera, desapareceré y el mundo seguirá su curso sin mi. Déjeme en paz, hombre, y preocúpese de reconocer a su Mesías cuando vuelva y se lo cruce por la calle hablando un dialecto de Oriente”.

Ah, el adolescente que suelta la consola y descubre la letra escrita, que se atraganta con el pañuelo palestino, el que escupe a toda pastilla consignas por el megáfono, con un batiburrrillo desorganizado en su recién nacida mente pensante. Conozco alguno, creedme.

El tertuliano paniaguado del PSOE, que insiste en los lugares comunes de siempre, sin entender de una vez que él y los vuelcacontenedores hacen tanto daño a la verdadera izquierda (la razonada e inevitable, no la inculcada) como el sr Rouco y la sra. Botella a la derecha. El daño al que me refiero no se traduce en pérdida de votos, desde luego; el electorado adora el proselitismo, no el razonamiento. El daño se puede traducir, por ejemplo, en desperdicio de talento como el de la sra. Díez o los sres. Pimentel y Gallardón.

Así que no te calientes tanto, Iván Denisovich, con los flageladores Rouco Aubrey y Prada Maturin, ¿no ves que hay acuerdo?

Jamás he defendido el Relativismo (lo siento, MiesVan). Creo que la razón y el estudio detallado de la historia permiten sacar buenas conclusiones: válidas para toda la especie humana, estables, eternas. Por supuesto que creo que existe una ley natural que pueda permitir y garantizar las cosas más importantes a todos los seres humanos.

Esta ley puede coincidir en determinados puntos con algún que otro catecismo y eso no es problema. La mayoría dicen “No matarás”, excepto alguno como el que la Iglesia Católica española aprobó a finales de los años cuarenta, que añadía matices para flexibilizar el dichoso mandamiento. Al contrario, la coincidencia demuestra que los inventores de catecismos en ocasiones se ven obligados, para captar adeptos, a ser lógicos. No todo el mundo es idiota todo el tiempo, ni siquiera los pastores neolíticos y sus descendientes.

El mismo sr. de Prada expresa bien lo que todos sabemos: ya no hay una racionalidad ética. Pero me escama lo poco que coinciden estas ideas con otras sobre miles de jóvenes aullando (es una imagen tannnnn gay, seguro que Rouco la adora) y dejando caer lluvias de flechas sobre los sarracenos. En fin, todos tenemos nuestra propia heterodoxia.

Un cordial saludo a mi adversario (más que enemigo) D. Juan Manuel de Prada. Y mis disculpas anticipadas porque, si bien él como adversario y excusa para el razonamiento me hace crecer, dudo mucho que suceda lo mismo en la dirección contraria. Besos de un enano mental.





Creyentes verdaderos

13 01 2009

Anticristo, más que anticristo. MiesVan, no tienes ni idea de lo que dices en tu entrada Ateísmo ¿Acaso no notas la condescendencia del creyente? ¿Te has fijado en la infinita conmiseración que siente por nosotros? ¿No te traspasa los poros su piedad? ¿Cómo puedes ser tan impermeable a la Fe?

Cuánta amabilidad la del creyente que se cree noble. Más soportable que la ira permanente del Guerrouco del Antifaz, pero igual de insostenible en cinco minutos de charla adulta.

El creyente amable, el que educadamente te escucha sin oirte, el que asiste a misa por tradición, o cuando se siente vacío, o cuando ha perdido a alguien. El creyente amable sabe que cada vez hay menos católicos, pero algo le dice que cada vez son más puros. Pero no está seguro de si él es uno de ellos.

Y sin embargo aún quedan verdaderos creyentes, de los que uno podrían confundir con los “creyentes amables”. En realidad estos últimos serían asimilables a los no practicantes.

Los verdaderos sienten esa fe que tú y yo, MiesVan, no experimentamos, pero no nos desdeñan. Ni con el estilo atroz del Adalid de la Fe, ni con los espumarajos de la Conferencia Episcopal, ni con la -aparentemente- amable condescencia del que ha visto la Lus.

Los verdaderos creyentes son gente como mis adorados AGB y MLP, un matrimonio al que conocí en la facultad. Discrepan absolutamente de mis ideas y no por ello me dan de lado. Podría llegar a dolerles lo tajante de mis afirmaciones (y negaciones), pero no me lo reprochan. Quizá creerían que no tengo tanta suerte como ellos, que gozan de su fe, pero no me miran de forma condescendiente.

Saben que la fe no entra con sangre, y que si no entra, no pasa nada. La fe es para ellos (y lo será para sus maravillosos hijos) una experiencia íntima (en el fondo de sus corazones y sus bien amueblados cerebros) tanto como pública, y la practican con libertad en un país, una cultura y una época que les da la oportunidad de hacerlo libremente. Igual que a mi de no hacerlo. No creo que vean bien la involución de imponer los ritos religiosos de una de las religiones practicadas en este país en los actos y lugares oficiales, aunque desde luego dudo que este asunto les desvele. Su principal preocupación es y será alimentar los cuerpos y las mentes de sus hijos, y también estar cerca de su familia y de los que somos honrados por su amistad.

No creo en absoluto que tengan la intención de manifestarse para exigir la retirada de derechos civiles a otros ciudadanos. Aunque quizá no compartan la exagerada preocupación de la comunidad gay por ciertos aspectos. Cada uno a su aire. Yo tampoco consigo ver el sufrimiento tan tremendo del gay y la lesbiana en la España de 2009.

Desde luego, no me parece que apoyen el aborto libre y gratuito. Pero tampoco los he oído decir que una menor deba criar obligatoriamente al hijo de su violador. En esto me parece que razonan tan cristianamente como Rouco, pero sin odio.

No estoy seguro de si desean que se evite el acceso a condones en África. Y es que no todo va a pasar en lunes, caramba.

Saben que es perfectamente posible una vida rica, llena de espiritualidad, siendo ateo. Creo que saben como yo que los horóscopos, las estampitas, los males de ojo, las flagelaciones, las cabezas de Barbie enjoyadas sobre cuatro palos y recubiertas de seda y oro, las manchas de humedad con cara de tío barbudo, los exorcismos, etc, son chorradas.

Su Dios ficha donde Rouco, pero es una versión mejor. Frente al Dios furioso de los pastores de finales del Neolítico (como todo el mundo sabe, el grupo humano con más altos logros intelectuales) eligen al Jesús amable que reconforta a sus niños y les hace sentirse acompañados. Yo veo que la Iglesia asume a los dos, a la bestia furiosa y vengativa del muy colérico Moisés, y al chachi. Pero yo soy yo, y ellos, no.

Así que si en algún momento me encarnizo con el cristianucho, es decir, con el Prada, el Rouco, la Aguirre, el puto cura de la residencia de la carretera de Santa Catalina, el armado miembro de la Asociación Nacional del Rifle, el paseador de Barbies, la meapilas o el de la buena familia, es mi obligación recordar que no voy contra cristianos tan inteligentes y buenos como AGB y MLP. Antes al contrario: si sus parroquias estuvieran abarrotadas de AGBs y MLPs, el mundo y sin duda la Iglesia serían un lugar mejor, incluso para los ateos que los queremos y respetamos sin compartir sus ideas y sus experiencias religiosas.





Una de definiciones, para los señores ignorantes que se sienten víctimas

4 12 2008

Y para las señoras. Disculpe, Sra. Aguirre.

“laico, ca.

(Del lat. laĭcus).

1. adj. Que no tiene órdenes clericales. U. t. c. s.

2. adj. Independiente de cualquier organización o confesión religiosa. Estado laico. Enseñanza laica.

Real Academia Española © Todos los derechos reservados”

¿Sabe alguien por qué los Atacados insisten en defender la idiotez de diferenciar laicidad de laicismo?
Es que no me entero.

“laicismo. (De laico).

1. m. Doctrina que defiende la independencia del hombre o de la sociedad, y más particularmente del Estado, respecto de cualquier organización o confesión religiosa.

Real Academia Española © Todos los derechos reservados”

“La palabra ‘laicidad’ no está registrada en el Diccionario. Las que se muestran a continuación tienen una escritura cercana.

* laxidad

Real Academia Española © Todos los derechos reservados”

Es que yo soy un clásico. En lugar de inventar, imaginar, suponer o deducir el significado de las palabras según mis gustos, preparación o conveniencia, cuando tengo dudas me voy al lugar donde curran los sabios y los expertos y lo miro. Y resulta que no existe la palabra ‘laicidad’ fuera de las mentes que frecuentan ‘catholic.net’ y cibertugurios semejantes.

En otra entrada he indicado que otros lo hacen mejor que yo, y que prefiero dejarles la parte seria del debate. Excepto moscardonear a San Juan Manuel de Prada y las coñas de los comandos laicistas (‘maere, maere Fuensantica, Virgen del Agua: ¿ande vas, con tantiquio oriquio bordaico, ora subiendo pal monte, ora bajando pa la catedral, que te van a sacar loca? Tese vacaer la cabecica del andamiaje, maere’, es un ejemplo de socarrona prosa poética laicista), no me dedico mucho. Pero he aquí que anoche visité a fondo mi enlace sobre la apostasía. Y mi cabreo es importante.

Como que ponen pegas los señores de los arzobispados. Exigen presentarse en sus dependencias a apostatar, cuando la Ley que nos ampara a TODOS, esto es, la Constitución, dice expresamente que nadie podrá ser obligado a declarar sobre sus creencias religiosas.

El Derecho Canónico de ningún modo está sobre la Constitución, aunque les pese a los rouquines. Es más, si se indaga lo que este Derecho tan especial recoge sobre el asunto, resulta que ni hace falta, que en realidad el procedimiento habitual del derecho a rectificación y anulación de la Ley de Protección de Datos es suficiente.

La cosa hoy por hoy es que los gestapobispados insisten en la inviolabilidad de sus archivos, y que se niegan a eliminar a los apóstatas de los Libros de Bautismo y demás. En todo caso, tras alegar y demorar el proceso, llegarán a incluir una nota al lado, indicando la voluntad de tal persona de exigir que no se le considere perteneciente a la confesión católica. Hoy por hoy, la Iglesia se sigue negando a borrar a los apóstatas de sus registros. Una vez más, esta institución ignora voluntariamente la ley que nos ampara a todos.

El cabreo no disminuye si uno examina mis respetuosamente enlazados ‘¿Dignidad Humana?’ (los signos de interrogación son míos) y ‘catholic.net’.

Resulta que somos monstruos los que pensamos que el símbolo (logo para MiesVan) de una de las grandes religiones históricas (y esta tiene muuuuuucha historia a cuestas) no debe presidir un lugar tan público como un aula de colegio de titularidad pública.

Nada que decir sobre colegios privados y hasta concertados (hay quien considera equiparables estos últimos a los públicos, porque dependen de dinero público, yo no llego a tanto aunque debería). Como si quieren poner colegios con retratos del cabrón de Bin Laden, allá cada cual con su dinero.

Es más, no me parece mal que en la relativa intimidad del despacho de un funcionario o servidor público haya crucecitas, vírgenes, santos y mártires diversos; se sobreentiende que esos símbolos pertenecen a las creencias de sus ocupantes, que son libres (sí, señores prelados, libres). Por supuesto, también pueden jurar sobre la Biblia al ser investidos. Es libertad individual. ¿Cómo no íbamos los ateos a estar de acuerdo con la expresión libre de una creencia u opinión?

Pero no así en las recepciones de hospitales y aulas de colegios de titularidad pública, etc. Pasemos por alto la presencia ominosa de la Iglesia en lugares y entes oficiales por tradición, pero de forma no impositiva, (y el que me conozca sabrá ya que creo que el argumento de que algo está bien porque es ‘tradición’ no me puede parecer más idiota, no insisto).

Así que tragamos con dedicar dinero, espacio y tiempo al arzobispado castrense, a capillas en hospitales y hasta a misas en el ente público RTVE. Tragamos con un poco más de dificultad el caos urbano de los incesantes paseos de ídolos o una Semana Santa que los integristas desearían que viviéramos muertos de horror y pena; esto último es cultura (¿o era incultura? No, cultura). Hasta nos gustan las campanas.

A esos lugares o acontecimientos no estamos obligados a ir. Pero sí a las aulas de un colegio de titularidad pública o a las dependencias de atención al público de una administración. Esos lugares son absolutamente públicos en el sentido de que son dependencias de un Estado, y el Estado español es laico. Vuelvan los integristas a la definición de la RAE. Un Estado laico no es enemigo de la religión, sólo es independiente de ella; de hecho, su principal diferencia respecto de un estado confesional, como de facto pretenden los señores activistas católicos, es que respeta la libertad de credo, no permitiendo la imposición de uno en particular. Por lo visto, va a ser que los ateos que insistimos en el carácter laico del estado somos más respetuosos con un culto dado que los del cilicio.

Las aulas de los colegios de titularidad pública no son lugares donde deban exponerse en lugar preferente los símbolos de una religión. Y deben ser retirados precisamente por respeto a la religión de cada uno. O a su libertad de no creer.

Esto no es lo mismo que pretender eliminar los símbolos y tradiciones heredados del cristianismo de la vida pública (por molestos que sean a veces); eso sería un disparate, además de una imposición análoga a la que los católicos han practicado durante tantos años. Pero los lugares públicos comunes no son lo mismo que los lugares oficiales. Los señores del PP y de la Conferencia Episcopal todavía no han entendido una diferencia tan básica. O no quieren, porque les gusta jugar a las cortinas de humo que con tanto gusto achacan al partido en el poder.





Rouco y el espíritu de la Transición

26 11 2008

Tras ver una noticia en “La Verdad” sobre que Rouco Varela desea que se respete el espíritu de la Transición, decido ir a las fuentes en lugar de comportarme como el laico radical y prejuicioso que soy.

Aquí está el enlace del discurso del prelado:

Web de la Conferencia Episcopal Española

En un nada sorprendente ejercicio de diplomacia (la gran especialidad de la iglesia católica, últimamente un poco abandonado) leo y releo el grueso del discurso y a veces me encuentro de acuerdo con el sr. Rouco. Sí, amigos. Aparentemente, dice algunas cosas razonables para mi.

Tras los saludos y alusiones iniciales, trata un primer punto sobre la Palabra de Dios, asuntos internos. Tras ciertas disgresiones teológicas que no puedo discutir (apenas las entiendo y, desde luego, no me corresponde), acaba presentando el último éxito de la Conferencia Episcopal. Una curradísima versión corregida de la Biblia que nos permitirá ponernos en contacto con la verdad. En un segundo punto trata sobre la juventud, estrato social tan amado por el clero (no es coña, por favor).

Todo muy bien, cosas eclesiásticas, nada que objetar. Mi colmillo laicista comprende que la gente de religión, además de vivir su experiencia íntima, se organice en un eficaz, poderoso y milenario aparato. Desde luego, es para mi mejor que el pasotismo de un no practicante, que ni se atreve a tener fe y ser un buen católico, ni se atreve a pensar y quizá llegar al agnosticismo, ni acepta estar harto de cuentos y se confiesa ateo. Todo el derecho del mundo a atesorar sus creencias, su legado cultural, sus bienes y sus verguenzas.

Hemos llegado al punto III, sobre la situación actual. La iglesia española opina sobre los asuntos del siglo. En el párrafo 1 descubro la primera contradicción. Con elegancia no aluden al debate actual sobre la Ley para la Memoria Histórica, sino que inciden en la cristiana vocación por el perdón. Hay que purificar la memoria. Los profesores de Historia deben saber que según Monseñor, “A los jóvenes hay que liberarlos, en cuanto sea posible, de los lastres del pasado”. El propio Sr. Rouco cita (no voy yo a ser el único) ” “Al parecer, quedan desconfianzas y reivindicaciones pendientes. Pero todos debemos procurar que no se deterioren ni dilapiden los bienes alcanzados” ” o ” “Deseamos pedir el perdón de Dios para todos los que se vieron implicados en acciones que el Evangelio reprueba, estuvieran en uno u otro lado de los frentes trazados por la guerra. La sangre de tantos conciudadanos nuestros derramada como consecuencia de odios y venganzas, siempre injustificables, y, en el caso de muchos hermanos y hermanas como ofrenda martirial de la fe, sigue clamando al Cielo para pedir la reconciliación y la paz” “. De nuevo la insistencia en que el péndulo, saltándose las leyes de la física, debe quedar elevado en un extremo de su recorrido. Me explico.

Todos sabemos ya que la Segunda República no fue una maravilla. Atolondrados de todo tipo tomaron y dejaron de tomar decisiones. Animales analfabetos y animales educados en escuelas (civiles y militares) hicieron cosas terribles antes de julio de 1936. Eso ya es conocido. Yo mismo odio la mayoría de razones por las que se construyeron maravillosas iglesias, conventos, monasterios y catedrales; pero jamás se me ocurriría quemarlas ni matar a nadie por ello. Me siento sobrecogido y admirado de los logros artísticos e intelectuales que suponen la mayoría de los templos y en general del arte sacro. Desde luego, pertenecen a mi legado cultural, a mi pasado y el de mis vecinos.

Quién sabe si una República más ayudada por otros paises no habría organizado, de haber llevado las de ganar, muchas más matanzas industriales al estilo de las de la plaza de toros de Badajoz o quizá Paracuellos del Jarama (todos conocemos las escalas de las matanzas en los dos bandos de aquella guerra, está en los libros). Si en lugar de recurrir a la usurera Rusia la República hubiera recibido ayuda de paises también democráticos como Francia, Inglaterra y EE.UU., quizá la Iglesia se hubiera puesto de su parte (a la vez que quizá hubiera ayudado a militares nacionales a huir a Sudamérica). Historia-ficción, claro.

Los malos eran los que apretaban el gatillo, los buenos, los que recibían la bala. Eso es lo que da el vivir en tiempos de paz (en democracia), Sr. Rouco, que uno puede decir simplezas sin llevarse un machetazo o ser fusilado. ¿Verdad? Pero hay un problema. Quizá su Iglesia ahora considere pecadores a los que cometieron atrocidades en ambos bandos. Su Iglesia sigue rogando que se olvide a unos mártires y se ensalce a otros. ¿Dónde queda, Sr. Rouco, la liberación de los lastres del pasado? Miles de familias han tenido la oportunidad de vivir sin lastres morales durante décadas, porque su única referencia moral les recordaba cada domingo que habían matado justamente. Sin embargo, otros poquitos miles de familias pasaron esas décadas sin saber dónde estaban los restos mortales de sus seres queridos, sin poder honrarlos, mientras veían cómo otros tenían derecho al reconocimiento como héroes y mártires. El péndulo osciló hacia un lado.

Muere Francisco Franco en una cama hospitalaria, en una cama que no pertenecía a la enfermería de una cárcel. A diferencia de sus colegas alemán e italiano, muere en paz. Transición española, animada por el espíritu que tan bien encarnaron y llevaron a la práctica grandes hombres como el Rey, Suárez o Fernández Miranda, además de la clase política de la época, con muy pocas excepciones. Todos los implicados renunciaron a muchas cosas por el bien común. Esa es la imagen que ha quedado. Aunque quizá convenga olvidar que muchas cosas se hicieron así, además de por un noble espíritu, por apaciguar los chirridos de sable y las balas en la nuca. Que el miedo también consigue cosas.

Vuelven a España muchos exiliados (algunos no perdonarán nunca, Sr. Rouco, no tienen su capacidad para sobreponerse y se quedarán en sus Francias y sus Méxicos) y se escriben muchos libros sobre lo santos que eran los del bando republicano, con ocasionales incursiones de francotiradores como Díaz-Plaja (je je). El péndulo baja y continúa en su oscilación hacia el otro lado durante el gobierno socialista. Más libros, algunos ya no son exégesis, quizá algunos sean objetivos. Incluso (esto es muy español) hemos dicho cientos de veces que los mejores eran escritos por extranjeros. Curioso.

Lo normal sería que el dichoso péndulo fuera perdiendo fuerza en la siguiente bajada. Pero en la España de Aznar todo era bollante. Así que fue muy bollante la idea de que en la Guerra Civil eran todos cenutrios y malos. Que los que se alzaron el 18 de julio estaban asistidos por un mismo sentimiento de justicia y tenían tanta razón como los que decidieron no hacerlo. Y nuevo impulso al péndulo. Nada, macho, no hay manera de que se quede parado de una vez en la posición correcta. Los señores de la derecha de este país han decidido que lo justo es lo salomónico (¿pero alguien recuerda que Salomón mandó primero partir al nene de las narices? ¿y si la madre embustera llega a decir que no? ¿a que lo habría hecho?).

Pero no, señores de la derecha. En ocasiones el punto equidistante entre dos posiciones no es lo justo. A veces discuten dos personas y sólo una de ellas lleva razón. A pesar del Terror, a pesar de la Rusia bolchevique, de la Cuba de Castro, la Historia no considera que el Antiguo Régimen, los zares o Batista fueran buenos. Aquí, en España, hemos descubierto que silenciar a las víctimas una (represión de la posguerra), dos (perdón a los asesinos durante la Transición) y hasta tres veces (la Audiencia Nacional lleva a que el juez que más promueve la aplicación de una ley – imperfecta pero vigente – lo deje), es perfectamente justo. Mientras, las víctimas asesinadas por los bárbaros incluidos en el bando republicano son canonizadas y santificadas. Sr. Rouco, no sé qué más decir. Parece que “no se deterioren ni dilapiden los bienes alcanzados”.

Con curiosidad contemplamos cómo se va creando un Nuevo Dogma Laico. La Transición, como no derivó en guerra, fue Perfecta. El extraordinario sacrificio de soportar que un régimen por fin democrático decidiera que los crímenes cometidos por una maquinaria estatal quedarían impunes no cuenta. No hubo un Nuremberg español. Y no hay nada que agradecer a nuestros mayores que perdieron una guerra dos veces. Todos esos hijos de puta que mantuvieron a España en la cola aún más tiempo murieron en sus cómodas camas, no en enfermerías carcelarias. Y los olvidados revolviéndose en sus fosas. De las que no se sabe si saldrán.








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